miércoles, agosto 09, 2017

Un aviario en La Laguna

 


































Cuando comencé mi trayectoria de padre de familia busqué en La Laguna lugares adecuados para pasear a mis pequeñas. Como tantos, básicamente hallé lo mismo: la alameda y sus jueguitos, el bosque y su tobogán, los cines, la plaza principal de Lerdo, nuestros museos, no mucho. La asignatura del zoológico o algo parecido no podía contarse entre las posibilidades locales, así que alguna vez la encontré fuera: en León, Guanajuato, y en El Paso, Texas. Inconcebible, pues, era la idea de tener algo parecido en la región.
El domingo pasado, sin embargo, me llevé una grata sorpresa en el Aviario Lira. Ubicado casi a la vera de la carretera a Mieleras, en Torreón, tuve la oportunidad harto rara de ver especies de animales inhallables de otro modo en La Laguna. Su especialidad, obviamente, son las aves, pero ha incluido algunos lémures y asombrosos monos tití cuya reproducción ya fue posible en ese espacio.
Durante mi recorrido, que duró al menos dos horas, leí con atención las cédulas informativas relacionadas con cada especie y sentí el misterioso vértigo de ver aves cuyo colorido y canto pasman a quien jamás las ha visto así de cerca. En todo momento pensé en dos hechos: el primero, las dificultades que entraña mantener en pie semejante emprendimiento, dado lo difícil y costoso que resulta y lo profundamente comprometido que debe estar quien lo sustenta; y segundo, lo maravilloso que debe resultar ver algo así con ojos de niño.
Nunca en mi infancia vi un tucán o una kakatúa. En el circo, ciertamente, pude apreciar la triste belleza de animales raros y condenados a un trotamundismo aherrojado, pero además de que siempre me pareció cruel, no permitía una observación próxima. El Aviario Lira es una iniciativa familiar encabezada por Yolanda Lira, su directora, quien ha conseguido algunos apoyos oficiales para levantar tan desafiante proyecto, aunque es necesario decir que son ella y su familia quienes le han dado solidez.
Sé que hay recorridos guiados para escuelas, y me da gusto pensar que decenas de niños laguneros pueden acceder a esta experiencia. Lo que desearía en todo caso es que el siguiente gobierno estatal, quede quien quede, ponga los ojos en el Aviario Lira, le asigne un apoyo fijo y permita que los laguneros y quienes nos visitan tengamos este espacio permanentemente y en excelentes condiciones, como lo merece la asombrosa fauna ya reunida por la familia Lira.

Nota. Son mías las fotos que acompañan este post.