martes, septiembre 25, 2007

Valor de Intermezzo



El título de este comentario es deliberadamente bisémico: valor en tanto muestra de valentía y también en tanto mérito, valía. Ambos significados son aplicables al proyecto editorial de la revista Intermezzo, publicación que recién acaba de obtener la beca para revistas culturales independientes que año tras año otorga el Conaculta. Este reconocimiento premia con justicia la idea y el esfuerzo de sus dos principales soportes: Anabel Ríos y Alexander Czaja, quienes sin medir el riesgo que implica abrir un espacio impreso, y más específicamente un espacio impreso dedicado a la difusión de conocimientos sobre música culta, mantienen firme el proyecto y le han conseguido fondos económicos que aseguran el tiraje de varios números.
Si lanzar una revista sobre frivolidades de la socialité (plaga seudoperiodística que abunda) es peligroso, resulta casi una osadía trabajar con el tema de la alta música, más en un contexto como el nuestro, apenas en proceso de instrucción y en no pocos casos hostil o indiferente a las manifestaciones del arte. De ahí proviene, como digo, la valentía de Intermezzo: salir al escenario comercial con un producto que quizá en otras latitudes pudiera encontrar inmediato apoyo de suficientes patrocinadores, pero que en La Laguna no deja de tener algo de aventura, de peliaguda aventura. Felizmente, tanto Ríos como Czaja parecen haber sorteado ya la etapa más difícil de toda publicación, la de los primeros números, y es prometedor que hayan obtenido el auspicio del Conaculta para garantizar la supervivencia de Intermezzo durante otro tramo del camino.
En cuanto al valor de esta publicación bimensual en relación a la calidad de lo que ofrece, no me cabe duda de que Intermezzo se suma a la munífica hornada de propuestas que durante los años recientes han abierto en La Laguna un amplio escaparate de exhibición para la música de los grandes maestros. Si teníamos ya una agrupación musical conformada por profesionales, si teníamos ya dos teatros con toda la mano, si teníamos ya algunas escuelas especializadas y hasta fiestas privadas con ensambles, justo era que se le diera a la comarca la oportunidad de mantener un diálogo con los lectores mediante una revista dedicada en exclusiva, de una manera accesible y hasta didáctica, al tema de los clásicos musicales.
Tengo ante mí el ejemplar número 7 correspondiente a mayo-junio de 2007. Sólo para confirmar la riqueza de sus contenidos, hago un recorrido por sus páginas y advierto que el tono de Intermezzo es intermedio, es decir, sus textos han sido escritos para interesar al público que no cuenta con un alto grado de instrucción musical pero sí, al menos, la curiosidad suficiente para iniciar adentramientos que propicien su gradual acomodo en el diálogo sobre esta música. El número comienza con una sección de noticias, luego vienen los artículos “Composición, ¿un asunto masculino?”, “La Elbphilharmonie de Hamburgo, un nuevo templo del arte”, “Obras maestras: la Quinta sinfonía de Beethoven”, “La Consagración de la Primavera”, “La familia Bach”, “La música de Sibelius y el pensamiento elemental”, todo además de la entrevista “Pláticas de violonchelo, conversación con Carlos Prieto”, un caricatura de Rubén Escalante sobre Wagner y la reseña del compacto de Natalia Riazanova y Uliana Akatova.
Creo que no está nada mal el menú, y a fuerza de mejorarlo sospecho que hacen falta, al menos, dos apartados: uno de entrevistas a los músicos profesionales radicados en La Laguna y otro de reseñas sobre los conciertos ofrecidos en los espacios de nuestra región. Asimismo, creo que el diseño editorial podría ser un poco más atractivo.
En síntesis, Intermezzo es un proyecto noble, una voz periodística que ojalá viva muchos años entre nosotros. Es lo menos que se le puede desear a todo esfuerzo impulsor de arte en el desierto.